Dado que las denuncias, como lo es la
presente, suelen presentar una redacción casi telegráfica, es preciso
aclarar algunos extremos de ella:
1.- El Sr. Magistrado Sanabria acompañaba
a Ernesto en el vehículo en el momento de los hechos y ocupaba la plaza
delantera derecha.
2.- Como consecuencia del impacto el Sr.
Magistrado resultó inconsciente al mismo tiempo que sangraba
abundantemente por la boca, indicio de la gravedad de las heridas que
pudiesen haber resultado mortales.
3.- A pesar de ello, la conductora
causante de siniestro se limitó a contemplar la escena a cierta
distancia sin querer acercarse para evaluar los resultados de ‘su
conducción’ ni socorrer a las víctimas. Es más, cuando Ernesto,
dirigiéndose a ella desde el otro lado de la calzada reclamó
insistentemente su presencia, ella permaneciendo impasible haciendo como
si no se enteraba y cuando entonces se le aproximó, ella sólo se limitó
a pedir el número de teléfono del herido y ‘posible moribundo’ con toda
frialdad y tranquilidad. Resulta sorprendente la actitud distante y
calculadora de aquella ‘conductora’, que parecía sólo desear obtener el
citado número de teléfono. ¿Qué razón podría haber, para que en
semejantes circunstancias, alguien implicado en un accidente que él
mismo ha provocado, se interese más por conocer un número de teléfono,
que por el inminente estado de la víctima, que en aquellos momentos
podría perfectamente estar expirando? ¿Deseaba la implicada averiguar
realmente su estado de salud? O, en su caso, ¿obtener una fe de vida
del Sr. Magistrado, dado que evidentemente podría resultar un testigo
potencialmente peligroso para ella?
4.- A pesar de tenerlo en la mano, la
referida conductora nunca se dignó a utilizar su teléfono móvil para
solicitar auxilio médico. No obstante sí que lo hizo para llamar a su
esposo, quien se personó de inmediato con un vehículo pequeño, un OPEL
CORSA, su verdadero utilitario.
5.-De ello se desprende que éste, el
esposo, no podía encontrarse muy lejos cuando en teoría, a esas horas de
un día laborable debería de estar trabajando en el National West
Minster Bank, en Madrid.
Es más, podría pensarse que andaba
deambulando por la zona a la ‘espera de algo’; o incluso, simplemente
que se había apostado para avisar previamente por teléfono a su esposa
de que el FORD FIESTA se aproximaba… El talante del citado esposo
mantenía una fuerte coincidencia con el de ella y, por su calculada
forma de hablar y expresarse, se traslucía una cierta complicidad entre
ambos. Finalmente pudo averiguarse que el vehículo que ella conducía, el
citado modelo todo-terreno de TOYOTA, era propiedad del Banco donde
trabajaba él.
6.-Fue precisamente el citado Sr.
Magistrado Sanabria quien, transcurrida al menos una semana, dedujo lo
que se expresa a continuación según sus propias palabras:
“Ernesto, ¡han tratado de matarnos!”
Estas circunstancias fueron las
que indujeron la interposición de la Denuncia anteriormente reproducida
por presunta “TENTATIVA DE ASESINATO” en Galapagar, su lugar de
residencia. Lo relatado queda probado a través de la segunda firma que
aparece allí plasmada por el señor Magistrado y el encabezamiento de la
Denuncia.
7.- El Sr. Magistrado Sanabria
pertenece a una plataforma “anti-corrupción” y es a su vez, un
ferviente católico, hechos por los que, además de su buena reputación,
se le presume muy lejos de desear mezclarse en “asuntos poco claros”.
8.- Cuando Ernesto, antes que verse
obligado a tener que pactar con “los Albertos”, y ante un inminente
segundo desahucio, prefiriendo tomar la opción de la “huelga de hambre”
que se prolongó cincuenta y cuatro días, y hallándose bajo la Torre
Picasso en plena huelga; sucedió que la anteriormente referida
plataforma se acercó voluntariamente a él por medio de uno de sus
miembros, a fin de interesarse por el Recurso de Apelación
entonces en trámite e interpuesto contra el Juez D. Baltasar Garzón, por
el archivo indebido de la Causa Penal sustanciada en el Juzgado del que
es titular. Recurso que, por cierto, prosperó favorablemente.
Quede si así se terciase para otro volumen y otro capítulo de la
presente colección de obras biográficas, un análisis detenido de la
naturaleza de la mencionada plataforma “anti-corrupción”. Desde
luego el tema da por lo menos para todo un capítulo.
9.- En relación con la hora y el
itinerario exacto de los vehículos implicados en el accidente, cabe
señalar la existencia de un ‘tercer personaje, próximo al primo
Carlos’ que conocía de antemano con exactitud el referido itinerario y
que pudo servir a modo de “informador”.
Se trata de un letrado de origen
colombiano, que a las doce horas de aquel fatídico día esperaba en la
Cafetería Riofrío a fin de acompañar al Sr. Magistrado Sanabria y a
Ernesto para realizar una gestión ¡precisamente en el Juzgado del Juez
Garzón! Curiosamente, el citado letrado también había aprovechado la
huelga de hambre de Ernesto para ‘ofrecerle gratuitamente sus servicios
de hombre bueno’. Al parecer, este abogado mantenía contactos con
otros letrados allegados a Carlos, con quienes, según afirmaba,
pretendía abrir una vía de negociación. De todo ello se desprende que
Carlos bien pudo conocer el itinerario del vehículo de Ernesto y
preparar todo de antemano para provocar los hechos objeto de denuncia.
¿Acaso
existe algún letrado que ofrezca sus servicios gratuitamente a un
desconocido arruinado?, ¿qué otra segunda intención podía ocultar cuando
se aproximó deliberadamente a aquel famélico huelguista?
10.- Algún tiempo después y a través de
otros letrados, a Ernesto le llegó la información de que el referido
primo había sufrido un accidente similar conduciendo un automóvil de
la marca MERCEDES en un punto muy próximo de la misma carretera de la
Coruña y, precisamente, en el mismo carril de entrada hacia Madrid.
Parece ser que se encontraba algo ebrio, en fin, casualidades de la
vida... Al fin y al cabo, es muy lógico que, cuando sufrió el accidente
pudo muy bien pensar que, si en lugar de conducir un MERCEDES, hubiese
llevado un FORD FIESTA, con seguridad que no lo habría contado. Además,
sabía perfectamente que aquél era el itinerario habitual de Ernesto para
entrar a Madrid.